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Capítulo 3. La Fuerza Naval Página del AJEMA



¿Qué es la Fuerza Naval?

La Fuerza Naval es el conjunto de medios humanos y materiales de la Armada, agrupados y organizados, con el cometido principal de realizar operaciones militares en y desde la mar.

Son precisamente los medios humanos la principal fortaleza de nuestra Fuerza Naval. Se trata de los hombres y mujeres responsables del empleo de las unidades de la Armada en un ámbito tan específico como es el marítimo. Por ello, poseen una alta cualificación profesional y están imbuidos de los valores inherentes a nuestra Institución, como son la integridad, la lealtad, la disciplina, el espíritu de sacrificio y el valor. Sin ellos, los medios materiales de la Fuerza Naval estarían muy lejos de alcanzar su verdadera dimensión.

Para su empleo operativo, la Fuerza Naval participa de la estructura operativa de las Fuerzas Armadas, mediante la aportación de sus capacidades específicas a la fuerza conjunta que se determine para la ejecución de las operaciones militares (permanentes o de reacción) que le sean encomendadas. Asimismo, puede llevar a cabo otras misiones o actividades que se asignen a la Armada como son la contribución a la acción del Estado en la mar o el apoyo a autoridades civiles.

En este contexto, la importancia de la Fuerza Naval reside, entre otras razones, en que:

  • contribuye de forma necesaria y definitiva a la defensa y seguridad de los espacios marítimos de España, una nación orientada a la mar, cuya prosperidad depende en gran medida de la seguridad de las líneas de comunicación marítima y de la buena gobernanza de los mares.
  • permite el adecuado empleo del entorno marítimo entendido como un medio estratégico para el acceso, posicionamiento y empleo de fuerzas en operaciones expedicionarias.
  • contribuye a combatir el número creciente de actividades ilícitas o criminales que se desarrollan en el espacio marítimo, aprovechando la libertad de movimientos que permite el medio marino.
  • aporta medios y capacidades a la Fuerza Conjunta para conseguir las sinergias propias de la acción conjunta de las Fuerzas Armadas.
Se entiende por zona litoral aquella franja que comprende la porción de mar hasta la costa que debe ser controlada para apoyar las operaciones en tierra, y el segmento terrestre a partir de la línea de costa en el que las operaciones pueden ser apoyadas directamente desde la mar.

La Fuerza Naval está especialmente preparada y adiestrada para actuar en el entorno marítimo, entendido como el conjunto formado por los océanos, mares, zona litoral y el espacio aéreo situado sobre ellos.

Características de la Fuerza Naval

La Fuerza Naval es de naturaleza esencialmente expedicionaria, para lo que está específicamente organizada y preparada. Esto le permite proyectarse en teatros alejados del territorio nacional con un mínimo aviso previo, así como sostenerse de forma autónoma en operaciones durante un prolongado periodo de tiempo.

La naturaleza expedicionaria de la Fuerza Naval se ve potenciada por sus características específicas, entre las que destacan la movilidad estratégica, la alta disponibilidad, la versatilidad, la interoperabilidad y la autonomía logística.

La naturaleza expedicionaria de la Fuerza Naval se ve potenciada por sus características específicas, entre las que destacan la movilidad estratégica, la alta disponibilidad, la versatilidad, la interoperabilidad y la autonomía logística.

El conocimiento de estas características es fundamental para garantizar el empleo eficaz de la Fuerza Naval.

Movilidad Estratégica

Se entiende por movilidad estratégica la característica de la Fuerza Naval que le permite desplazar su área de actuación e influencia hasta zonas alejadas de su base.

Esta característica está directamente relacionada con la libertad de navegación que le permite posicionarse de forma rápida allá donde se precise, sin atravesar frontera alguna ni violar la integridad territorial de ningún Estado. (Gracias al estatuto que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) otorga al buque de guerra en su Artículo 29 y siguientes).

La proyección de la Fuerza Naval a determinadas zonas permite proporcionar, llegado el caso, una respuesta adecuada y oportuna, aspecto crítico a considerar para la entrada al teatro en todas las operaciones conjuntas.

Por todo ello, la movilidad estratégica, unida al volumen de los medios a desplegar y sostener en operaciones, hace de la proyección por el medio marítimo una forma idónea para el despliegue en teatros alejados.

Alta disponibilidad

La Fuerza Naval se caracteriza por su alta disponibilidad. Las unidades que se encuentran alistadas están siempre en condiciones de ser activadas de forma inmediata. Esta alta disponibilidad es posible gracias a las características inherentes a las unidades navales, al establecimiento de ciclos operativos y de distintos niveles de alistamiento, y a la aplicación de procedimientos operativos estandarizados.

Asimismo, desde el momento en que inician sus despliegues a zona de operaciones, las unidades navales están listas para hacer frente a cualquier contingencia.

Versatilidad

La Fuerza Naval es apta para enfrentarse eficazmente a situaciones cambiantes o imprevistas, gracias a su configuración modular que le permite cambiar de un perfil de misión a otro sin solución de continuidad. Esta flexibilidad individual y colectiva de los medios navales proporciona una amplia variedad de opciones de respuesta.

De este modo, las unidades navales pueden graduar el uso de la fuerza y modificar su actitud en un breve espacio de tiempo, respondiendo con eficacia a las distintas contingencias que pudieran presentarse.

Interoperabilidad

La Fuerza Naval puede reunir en sí misma áreas de capacidades militares muy diferentes, que le permiten actuar en la mar, en la tierra y en el aire. Ofrece la posibilidad de establecer a flote una estructura de mando y control conjunta, especialmente durante el despliegue y las primeras fases de una operación cuando la amenaza en tierra sea significativa. Además, puede trasladar y desplegar esta estructura de mando y control en tierra cuando las condiciones de seguridad lo aconsejen.

Esta característica le permite, cuando así se determine, ser el núcleo inicial para la constitución de una fuerza conjunta, ya que posee los medios de mando y control, apoyo logístico, sensores y armas que posibilitan la acción conjunta. Asimismo, incrementa sus posibilidades de ser empleada en las primeras fases de una operación conjunta, por ejemplo, en cometidos de Fuerza de Entrada Inicial o de apoyo al establecimiento de una fuerza en tierra.

Por otra parte, la Fuerza Naval dispone de sistemas que le permiten ser interoperable, no sólo con unidades de los Ejércitos, sino también con fuerzas amigas y aliadas, y con medios de agencias civiles.

Autonomía Logística

La Fuerza Naval es capaz de desplegar con su propio apoyo logístico operativo, de modo que puede actuar durante períodos prolongados de tiempo en zonas lejanas, desprovistas de bases de apoyo y sin la necesidad imprescindible de acuerdos de nación anfitriona con terceros países.

La permanencia de una Fuerza Naval en escenarios alejados se puede prolongar indefinidamente, mediante el empleo de buques de aprovisionamiento y la rotación de unidades.

Modelos y medios de una Fuerza Naval

La entidad y características de una Fuerza Naval es variable y su constitución deberá responder a una planificación adecuada a largo plazo. En el caso de España esta planificación a largo plazo se orienta en la Directiva de Defensa Nacional (DDN) y se materializa en las Directivas de Política de Defensa (DPD) y de Planeamiento Militar (DPM). Esta última dirige el planeamiento de fuerza donde se consideran las diferentes capacidades que se estiman necesarias, recogidas en el Objetivo de Capacidades Militares y en las que la Armada aportará los medios correspondientes. En nuestro Planeamiento de Fuerzas se consideran las siguientes áreas de capacidad: Mando y Control Integrado, Superioridad en el Enfrentamiento, ISTAR, Movilidad y Proyección, Sostenibilidad, Supervivencia y Protección y Acción del Estado El modelo de Fuerza Naval elegido responderá a la consideración de diversos factores, entre los que ocuparán un papel destacado las misiones a realizar así como los recursos disponibles para su materialización.

Así, se podrá optar por una Fuerza Naval básica, diseñada para labores fundamentalmente relacionadas con la Seguridad Marítima en aguas de jurisdicción propia (Brown-Waters Navy). Dispondría de cierta capacidad de Disuasión y Defensa ante agresiones.

En el siguiente nivel se podría considerar una Fuerza Naval que incorporase más elementos de Disuasión y Defensa, lo que le permitiría extender su radio de acción y las misiones a realizar. Se trataría de buscar así la protección de intereses nacionales más allá de las proximidades de sus aguas de jurisdicción (Green-Waters Navy).

En el tercer estadio estaría una Fuerza Naval expedicionaria con capacidad permanente de intervenir en escenarios alejados de sus bases, con independencia de si dispone de apoyos de terceros países (Blue-Waters Navy).

Obviamente, estos niveles de ambición condicionan los medios materiales y humanos que compondrán cada Fuerza Naval. De hecho, cualquier medio de la Fuerza Naval responde a una serie de capacidades que se definen en los requisitos iniciales de diseño, y que configuran el propósito de la plataforma o de los sistemas que se construyen o adquieren.

Dentro de estas capacidades hay algunas que son necesariamente comunes a cualquier plataforma naval, sea buque de guerra o no: navegación, maniobra, propulsión, aprovisionamiento, habitabilidad y control de plataforma. Estas capacidades básicas estarán presentes en mayor o menor medida en cualquier buque.

En segundo lugar hay una serie de capacidades, que serían más propias de un buque de guerra, orientadas a mejorar la supervivencia de la plataforma, ya sea ante factores naturales o derivados de las operaciones militares. En este segundo grupo aparecen las siguientes capacidades que, en mayor o menor medida, poseen todos los buques de una fuerza naval: seguridad física; seguridad interior o control de daños; sanidad; medidas contra minas; protección frente a amenazas no convencionales.

Por último, hay que considerar las capacidades de carácter táctico de los buques de guerra: mando y control (C2), comunicaciones, guerra antiaérea (AAW), guerra de superficie (ASUW), guerra anti-submarina (ASW), guerra electrónica (EW), guerra de minas (MW), acción marítima, anfibia, etc.

Cuando se diseña una unidad se establecen los requisitos y capacidades que la unidad debe tener. Por ejemplo, a la hora de diseñar una fragata, una vez fijadas sus capacidades básicas y de mejora de su supervivencia, habrá que decidir dentro de las capacidades tácticas si se pretende que sea marcadamente AAW o ASUW o ASW o Mando y Control, o bien tenga un carácter multipropósito, con un conjunto equilibrado de capacidades en todas las áreas de la guerra naval.

Todo ello condiciona la dotación de sensores y armas así como las necesidades de personal para su manejo, siendo este un aspecto determinante a la hora de fijar las dimensiones del buque. En función de estas características, hay múltiples tipologías de buques de guerra, entre las que podemos destacar:

  • buques tipo patrullero orientados a las actividades de Seguridad Marítima.
  • buques tipo escolta (corbetas, fragatas o destructores) con capacidades multipropósito y orientados a la protección de otras unidades con capacidades específicas; en ellos existe un equilibrio entre todas las capacidades tácticas, pudiendo destacar en alguna de ellas. Así podemos hablar de una fragata AAW o ASW.
  • buques específicos donde una capacidad táctica es marcadamente superior al resto. En este grupo encontramos los portaaviones, los submarinos, los buques anfibios, los buques de guerra de minas, los buques logísticos, etc.

La capacidad de autodefensa de los distintos buques de guerra varía mucho. Mientras las fragatas, por ejemplo, tienen una gran capacidad de protegerse ante un amplio espectro de amenazas, otros, como los buques anfibios, precisan de unidades de protección (normalmente escoltas,) particularmente cuando desarrollan su actividad en ambientes no permisivos.

Como elemento esencial a la mayoría de los buques de una Fuerza Naval moderna, debemos incluir las aeronaves, normalmente helicópteros y sistemas aéreos pilotados de forma remota, cuya presencia a bordo multiplica las posibilidades operativas de cualquier unidad naval.

Al dimensionar una Fuerza Naval, también se debe tener en cuenta la posibilidad de disponer de una fuerza anfibia. Esta decisión conlleva la necesidad de buques especializados y de una Fuerza de Infantería de Marina. Esta fuerza, de naturaleza anfibia y expedicionaria, tiene una composición y capacidades similares a las fuerzas terrestres pero con la especificidad que le proporcionan sus medios de combate capaces de poder operar desde la mar. Su capacidad disuasoria es extraordinaria y es un elemento imprescindible en las Blue-Waters Navies.

Así, una Fuerza Naval equilibrada debe contar con los medios que le permitan hacer frente a todas las posibles amenazas identificadas con ciertas garantías de éxito y, en todo caso, se deberán identificar los riesgos que se asumen al contar con menos medios de los necesarios. La alternativa pasaría por confiar ciertas capacidades, identificadas como necesarias, a alianzas de seguridad y defensa multinacionales, lo que conlleva la asunción de ciertos riesgos.

Principios de las Operaciones Navales

Los principios operativos pueden definirse como un conjunto de reglas sobre las que se debe basar el planeamiento y conducción de las operaciones navales, en cualquiera de los niveles estratégico, operacional y táctico.

La Doctrina para la Acción Conjunta define los principios de las Operaciones Conjuntas que son de aplicación a las operaciones navales. Derivados de esos principios, y aplicados al planeamiento y conducción de las operaciones navales, se establecen los principios operativos aquí enunciados.

La aplicación de estos principios no es en ningún modo rígida, debiendo ponderarse el peso de cada uno de ellos en una situación determinada, incluso la no aplicación de alguno en concreto (La sorpresa, normalmente aplicable en el nivel táctico para ganar la iniciativa y por tanto la superioridad en el enfrentamiento, puede no ser siempre deseable en el nivel estratégico cuando se buscan determinados efectos de información en la opinión pública). Su aplicación no es garantía de éxito, pero se emplearán como referencia de actuación.

Los Principios Operativos de las Operaciones Navales son:

Flexibilidad

Flexibilidad es la capacidad de adaptarse para hacer frente a nuevas situaciones. Esta flexibilidad debe permitir al Mando adecuar los planes operativos para ajustarlos a cambios introducidos por el nivel superior, al progreso de la operación y a la necesidad del mantenimiento de la iniciativa. También debe permitir a las unidades ajustar la ejecución de acciones concretas a la evolución de los acontecimientos.

En las operaciones actuales y futuras, en las que habrá una mayor participación de elementos civiles junto a los militares, será imprescindible mantener una actitud flexible en todo momento para reaccionar ante la incertidumbre característica de las operaciones.

Definición del Objetivo

Este principio obedece a la necesidad de que las operaciones navales tengan un objetivo claro y definido que permita coordinar en el espacio y en el tiempo todos los esfuerzos para alcanzar una situación final deseada.

El mantenimiento del objetivo es esencial para progresar en la operación y evita la realización de actividades innecesarias. El objetivo debe trasmitirse con claridad a los distintos niveles de mando para que entiendan su contribución al progreso de la operación.

En la definición de los objetivos hay que tener en cuenta que las operaciones serán complejas y se resolverán mediante el desarrollo de distintas líneas de acción en el terreno diplomático, político, económico y militar, lo que obligará a un enfoque integral. El mando naval tratará de comprender el objetivo establecido por el nivel superior y mantendrá un enfoque integral buscando unos determinados efectos que permitan alinear los objetivos de las distintas líneas de acción.

El mantenimiento del objetivo es esencialmente complejo en operaciones multinacionales en las que las naciones pueden tener distintas perspectivas y condicionantes al empleo de la fuerza.

Mantenimiento de la Moral

El mantenimiento de la moral se deriva del liderazgo militar que inspira a las unidades a alcanzar los objetivos marcados a pesar de las adversidades. No hay plan operativo que tenga posibilidades de éxito sin el mantenimiento de la moral, que se manifiesta en la confianza y coraje del personal de las unidades de la Fuerza Naval en operaciones.

Para mantener esa moral, es especialmente importante que el Mando asuma la mayor parte del riesgo derivado de la incertidumbre propia de las operaciones, sin trasmitirlo a sus escalones subordinados.

La Armada dispone de un Concepto de Liderazgo que define las cualidades y actitudes de los líderes que la Fuerza Naval necesita: líderes íntegros y con carácter, que personifiquen su compromiso con España cumpliendo plenamente sus obligaciones y ejerciendo su autoridad de forma firme y confiada, con un elevado sentido de la responsabilidad en todas sus acciones.

Unidad de Esfuerzo

En las actuales operaciones, la línea de acción militar se desarrolla en paralelo con las líneas de acción diplomática, económica y de información (Actuaciones Diplomáticas, de Información, Militares y Económicas (DIME)). La unidad de esfuerzo en la conducción de operaciones obligará a la coordinación de todas las líneas de acción manteniendo una actitud flexible para lograr en todo momento el efecto deseado(Efectos tanto en el ámbito político como en el militar, económico, social, de infraestructura y de información (PMESII))

La unidad de esfuerzo requiere confianza mutua y alineación de objetivos de todos los actores en el nivel táctico, operacional y estratégico. Por sus medios, experiencia y liderazgo, corresponde al Mando el mayor esfuerzo en mantener la citada actitud flexible.

La unidad de esfuerzo en la línea de acción militar se manifiesta en el denominado “Mission Command” donde el Comandante transmite sus intenciones a los mandos y unidades subordinados.

Enfoque integral

La necesidad de coordinar estrechamente la acción de las Fuerzas Armadas en general, y de la Armada en particular, con otras instituciones y organismos civiles nacionales e internacionales, exige aplicar un Enfoque Integral en cualquier tipo de operación, incluso en las relacionadas con la Disuasión y Defensa. Esta circunstancia es aún más evidente en las otras misiones genéricas, Gestión de Crisis, Seguridad Marítima y Proyección Exterior, dado que la presencia y las responsabilidades de organismos civiles en esos escenarios es cada vez más importante. La coordinación y cooperación entre civiles y militares es imprescindible para garantizar la eficacia de las operaciones y la eficiencia en la gestión de los recursos disponibles.

Aunque la aplicación de este principio variará dependiendo de la operación y el nivel de mando (estratégico, operacional o táctico), se considera que, en aquellos cometidos asignados a la Fuerza Naval, se tratará de alcanzarlo mediante:

  • La aproximación proactiva del mando a los distintos actores que intervienen en la operación.
  • El fomento del dialogo y el intercambio de información para alcanzar un entendimiento mutuo de la situación final a alcanzar y del reparto de responsabilidades.

La flexibilidad y la disposición a alcanzar acuerdos que permitan avanzar hacia la situación final deseada. En este sentido es conveniente orientar el trabajo de los distintos actores participantes en términos de objetivos y efectos a alcanzar.

Concentración de Fuerza

La concentración de fuerza implica la aplicación de la potencia de combate en un momento y en un lugar concreto para alcanzar el máximo efecto sobre el adversario.

La concentración de fuerza, más que en la acumulación de unidades, se basa en la coordinación de todos los elementos o capacidades de la Fuerza Naval para asegurar la explotación de asimetrías favorables para alcanzar la superioridad en el enfrentamiento y evitar, en lo posible, las bajas propias y los daños colaterales.

Economía de Esfuerzos

Este principio obedece a la necesidad de alcanzar un equilibrio adecuado entre los recursos materiales y humanos, y su aplicación en el tiempo, al objetivo a alcanzar. La economía de esfuerzo se debe ponderar a la vista de las capacidades de sostenimiento y de regeneración de la Fuerza Naval.

Iniciativa

Iniciativa es la capacidad del mando de aprovechar las circunstancias que se presentan durante el desarrollo de la operación para ganar alguna ventaja con respecto al adversario. La iniciativa debe estimular al Mando a ser proactivo antes que reactivo, y mantener en todo caso su libertad de maniobra.

El objetivo es maniobrar por dentro del ciclo de decisión del oponente para que su decisión no se ajuste a la realidad del campo de batalla en el momento en que se tome.

Seguridad

La seguridad es el conjunto de medidas que permiten al Mando reducir su vulnerabilidad frente al adversario. La seguridad exige del Mando llevar a cabo una gestión de los riegos y proteger los medios valiosos, incluyendo el personal, el material, la infraestructura y la información.

La seguridad no puede ser una excusa para la inacción de la Fuerza Naval, ya que existen situaciones en que la asunción de riesgos es necesaria para el cumplimiento de la misión.

Sorpresa

La sorpresa consiste en crear situaciones inesperadas que limiten temporalmente la capacidad de reacción del adversario. Esta sorpresa se puede alcanzar mediante la originalidad de las acciones propias o mediante acciones de decepción.

También puede alcanzarse usando tecnologías no previstas por el adversario. La libertad de acción de la Fuerza Naval tiene que ser explotada por el mando para crear sorpresa en el adversario.

Sencillez

La mar en sí misma es un escenario complicado que no permite llevar a cabo planes demasiado complejos. Los distintos planes deben ser esencialmente sencillos. La sencillez permitirá una mejor comprensión de la operación por todos los niveles de mando.

Legitimidad

Las operaciones navales deben ser legítimas tanto en sus fines como en los medios empleados. La fuerza que cabe emplear es siempre la mínima que permita alcanzar los efectos deseados y asegure la protección de la fuerza. En la mayoría de los escenarios, para que sea posible alcanzar los objetivos estratégicos de las operaciones, la Fuerza Naval se verá sometida a reglas de enfrentamiento muy restrictivas que condicionarán su actuación.

Los daños colaterales afectan a la legitimidad de la misión propia y a la imagen de España y de las Fuerzas Armadas, haciendo más difíciles de alcanzar los objetivos estratégicos de cualquier operación militar.

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